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lunes, 2 de septiembre de 2013

Formación y desarrollo: QUINTO HÁBITO PROCURE PRIMERO COMPRENDER, Y DESPUÉS SER COMPRENDIDO.



Señor, haz que yo busque: consolar y no ser consolado,  comprender y no ser comprendido, amar y no ser amado.
(San Francisco de Asís)




Procure primero comprender, y después ser comprendido.

¿Alguna  vez  ha escuchado esta expresión?  “es que no me comprenden”  o  por el contrario ¿es  usted quien no se siente comprendido? ¿Siente que esta situación  le dificulta  sus  relaciones interpersonales?

Para abordar esta  realidad que  se presenta de manera frecuente en nuestras relaciones humanas, analizaremos en este comentario el  quinto hábito de la gente altamente efectiva, el cual  consiste en buscar comprender antes que ser comprendido.

Bien parece  haber entendido este hábito San Francisco de Asís cuando decía en su oración: Señor, haz que yo busque: consolar y no ser consolado,  comprender y no ser comprendido, amar y no ser amado". 

El quinto hábito de comprender antes de ser comprendido, es  el hábito de la empatía, que es más complejo que tratar de ponerse en los zapatos del otro, pues realmente no nos podemos poner en los zapatos del otro, su historia, paradigma y situación son únicas; por tanto, todo el proceso del quinto hábito implica llegar  a la comprención del  otro. 

(Ponerse en los zapatos del otro)



Si decidimos mejorar en nuestras relaciones  interpersonales y nos  adentramos en la aventura de aplicar el quinto hábito, es importante tener presente los  siguientes aspectos:

1.    Dedicar tiempo a  la otra persona. Es la disposición para prestar atención al  otro, es parar de hacer todo de lo que se esté  haciendo para dar lugar al otro,  lo cual requiere no solo  dar tiempo en el sentido cuantitativo, sino tiempo de  calidad, en el cual los sentidos están orientados y plenamente  dispuestos para atender, el otro es lo más importante en ese instante, es el centro de nuestra atención.

2.    Escuchar empáticamente. Realmente para poder comprender  al  otro hay que escucharlo, pues  es  a través  de la escucha  como podemos captar lo que  la  otra persona exterioriza desde su interior. La escucha empática es el centro que le da funcionamiento a este hábito.

Llegar  a una  escucha empática  requiere superar  una escucha  fingida en la  que  se  simula estar atendiendo a la  otra persona, lo que nunca permitirá saber qué dice y qué siente; llegar a la escucha empática es superar la  escucha selectiva en la que yo estoy escuchando desde mis intereses, selecciono lo que  se  acomoda  a mí, a mi historia, mis experiencias; escuchar empáticamente es más  que una técnica de  escucha activa; es  poner mente, corazón y todos los sentidos a  disposición de  esa  persona para entrar en el marco de referencia de esa persona, descubrir su paradigma, ver el mundo como ella lo ve, descubrir sus emociones, lo que  dice con la  voz pero también lo que dice con el cuerpo, con la mirada, con su respiración. Es  escuchar sus sentimientos, sus conducta utilizando tanto el cerebro izquierdo como el derecho, es entender, intuir  y sentir.

3.    Dar  oxígeno psicológico. Es dejar  que del otro fluya lo que  le  perturba, que se libere y deje  salir sus emociones, sentimientos y palabras que revelan lo que está  viviendo y desea expresar, es ahí en ese oxígeno psicológico donde el otro se manifiesta  y yo  lo puedo comprender. Este momento es un respiro y liberación para la otra persona, es el momento en que puede desahogarse y exteriorizar sus `pensamientos, sentimientos y emociones.

4.    Evitar. Hay cosas que debemos evitar para comprender a  la otra persona y no equivocarnos. Debemos evitar filtrar  todo a  través  de los lentes propios, es  decir  dejar de mirar, entender o reflejar en la  historia del otro nuestra autobiografía. Evitemos prepararnos para responder, de manera que realmente no estamos escuchando, sino que mientras el otro habla, nosotros estamos preparado nuestro propio discurso, acomodado a nuestro parecer y según nuestra experiencia.

Debemos evitar prescribir antes de diagnosticar, es decir comenzar  a dar recetas, consejos sin habernos dado la oportunidad de descubrir realmente qué es lo que  el otro está expresando y sintiendo, de igual manera  debemos evitar sondear o invadir  de preguntas que  no  dan  respuestas significativas.

Si he tenido presente lo anterior, entonces podre descubrir al otro, quito los  rótulos y estigmas que tengo respecto a él y lo comienzo a ver desde su zona de influencia, de manera  que veo  una persona, un ser humano completo, distinto, con una historia propia, con un valor innato, dotado de talentos, pasiones, sentimientos  y capacidades; por tanto, comprendo que lo debo tratar con dignidad y respeto.

Habiendo descubierto y comprendido a  la otra persona, entonces  estaré listo para buscar ser comprendido. Después de haberlo comprendido, el otro me  verá con confianza, me verá como una persona sincera e integra,  se interesará por mí, se sentirá seguro conmigo y querrá comprenderme a mí. En el fondo todo el proceso en el que me intereso por el otro y trato de comprenderlo, es el proceso que construye la plataforma sobre la cual el otro empezará a comprenderme a mí.


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